El Mazuco.

Acatic, Jalisco, 1963.

El Mazuco.

Qué bonito es el recuerdo del tío Mazuco, entre otros tíos y recuerdos de Gelito, que nacieron cuando iba junto con sus hermanos que también eran niños, al viejo pueblo de Acatic, allá en Zapotlanejo, donde la chiquillería se sentaba en el umbral de la casa para recibir el tibio sol de la mañana, hasta que padres y tíos atentos y atareados, gritaban cariñosos: ¡A desayunaaaaaaar!

Uno de esos raros primos de papá, recuerda Gelito, se paseaba por el pueblo pedaleee y pedaleee su renca bicicleta, y los chiquillos perezosos lo saludaban a grito pelón.

-Adióooooos tío Mazuco.

Y el Mazuco era retebuena gente y todos los días sin falta, los escuincles lo esperaban pa’saludarlo y despedirlo a manotazos.

-Adiós tío Mazucoooooo.

Y Gelito estiraba la mano aspavientoso y así, vio cómo un buen día, el Mazuco querido ató al manubrio un par de horrorosos zapatos de jutbol, como les decía y además, iba más contento que de costumbre.

-¿A dónde vas? - corrió el niño detrás de la rueda.

-Mijos, ya me voy a jugar al jutbol. Decía casi yéndose de boca por andar contestando igual de aspavientoso.

-Ya me voy, ya me voy.

Y yéndose se fue, se iba y se perdía con su manubrio raquítico.

-Qué ganes tío Mazucooooooooooo.

Y el niño lo esperaba de regreso y ya caída la tarde, el jugador futbolero y bicicletero, cargaba además de sus zapatos, a dos cristianos muertos de cansancio en la triste bici renca. Pobre tío Mazuco, todo enterregado por vago, sangrando de las rodillas y con sus huarachitos colgados a la rueda con mecate.

-¿Qué pasó tío?, ¿cómo te jué en el jutbol?

-Mijo, este partido estuvo bien reñido.

-¿Cómo quedarooon? - corre que corre el niño detrás de la rueda.

-Aaaah! pos cientonuevecientonce.

-¿Ganaron o perdierooooooooo...n? - gritó Gelito.

-Está vez perdimos mijo, pero estuvo bien reñido... cientonuevecientonce mijo, cientonuevecientonce, cientonuevecientonce.

cientonuevecientonce... cientonuevecientonce

-Gooooooooool.
 
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